Como no soy muy de mentir, este All-Dayer se me ha hecho un poco cuesta arriba.
Por un lado, siento que Aloud vuelve a estar en movimiento y que las estructuras que lo sostienen son tan o más estables que lo que han sido siempre. Creo que nuestra paleta de colores, que serían los estilos musicales que representan las/los artistas que editamos, son más ricas que nunca incluso a ojos de un daltónico reconocido como soy yo. El semestre final de 2025 y el primer semestre de 2026 nos dejarán como uno de los sellos independientes más activos y nada, por ese lado las cosas van bien bonitas.
Pero ay! ¿Para qué editamos música? Esta pregunta es la que siempre me he hecho desde que tenemos Aloud. Es muy evidente en alguna de las propuestas que editamos música por placer y (a veces) gusto personal. Aloud es un proyecto cultural muy particular que tiene como base el gusto y el disfrute musical de las propuestas editadas. Pero, al mismo nivel de importancia, está el llegar al otro lado: el público. No concibo editar por editar, sería estúpido. Y creo que, paralelamente a vivir un momento dulce en cuanto a la edición, vivimos un momento jodido a la hora de llegar al público. A la comunicación con el oyente.
Si bien, y por suerte, el trabajo con la prensa vuelve a brillar (gracias a mi buena amiga Ana), la vía de comunicación por redes, mailings, … todo lo que tiene que ver con lo tecnológico y que permite que lo que anuncio llegue a posible público interesado, todos esos puentes parecen rotos. Destruidos.
Para el All-Dayer, hoy viernes, llevamos 64 entradas vendidas. Las mismas que hicimos el año pasado. ¿Es eso suficiente «botín»? para la propuesta que presentamos? Para mí la respuesta es un NO rotundo.
No voy a caer en el juego fácil de comparar eventos alternativos como éste con otros que suceden a día de hoy, aquellos que venden sus entradas en minutos o que tienen un poder comunicativo de muchos ceros. Pero hay una cosa que me jode lo que no está en los escritos: sé que nuestro público está ahí y no se está enterando de lo que hacemos.
¿Qué sucede? Esto ya pasó durante los años post-Facebook. Las redes nos acostumbran a un uso, a llegar a un cierto público, y cuándo los algoritmos cambian… adiós.
En Aloud tenemos 5500 seguidores en Instagram. El alcance de nuestras stories es ridículo: entre 75 y 150 personas máximo las ven. No creas que las publicaciones van mucho más allá. Incluso las que ponemos publicidad (obligados por el poco alcance), llegan a números ciertamente modestos.
Muy probablemente no hay 5500 personas interesadas en nuestro sello, o quizá, si pensamos a nivel internacional, pues sí las hay o hay más. Pero el momento actual nos sobrepasa. Hay millones de novedades y pasan muchas cosas en el mundo de la música. No es algo que curioso que lo pequeño sea aplastado por lo demás.
Tengo en mente un proyecto, necesito un desarrollador/a que tenga ganas de liarse la manta a la cabeza. No sería nada del otro mundo. En serio, está todo inventado, sólo hace falta que funcione. Cuándo hubo Myspace, algunos ya sacamos la cabeza. Cuándo hubo Facebook, llegamos a mucha, mucha gente. Con Twitter o Instagram, lo mismo. Y, acostumbrados a promocionar de una forma, los cambios de algoritmos nos dejaron KO.
Sé, sabemos, que la gente sigue ahí. Sé que hacemos conciertos para 100 personas que podrían meter 300, 400 o 500 sin muchos problemas si la información llegase correctamente. Me jode (no sabéis cuánto) gente que dice: «ah pero, tocáis en Barcelona?» en el último momento.
Por suerte, este pequeño articulo lo empecé con unas sensaciones y ahora (a menos de 24h del evento) ya estoy con otras. Ahora ya pienso en volver a ver a mis grupos favoritos, a mis futuras amigas y amigos, a mis presentes amigas y amigos, y a gente con la que trabajar es un gusto. Por las siguientes horas y hasta que pase el All-Dayer, ya reina de nuevo lo bonito de organizar conciertos. Pero hay que revisar muchas cosas para seguir persiguiendo a toda esa gente que, sabemos, le gusta lo que proponemos.
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