Vuelve el sentimiento raro, ese que parece vivir ahí, entre otros sentimientos, sin un nombre concreto, pero que me hace estar mal. El de predicar en el desierto, estar gritando todo lo fuerte que puedes, para que no haya nadie escuchando al otro lado.
Llega de nuevo ese momento de decidir si gritar aun más fuerte o, en algún momento, pensar que lo mejor es dejar de hacerlo y pasar página, hay muchas otras cosas por hacer en la vida.
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