Hoy puse a dormir a Junior. Le conté «Hair Love«, un cuento precioso de una niña negra que está orgullosa de su pelo. Junior lleva trenzas por segunda vez porque quiere parecerse a Noah Lyles y unos niños se han reído de él. La cantidad de racismo a soportar por los niños pequeños es incalculable, se os quitaría rápidamente de la boca cuándo decís que aquí «no hay racismo«. Y una mierda.
Al dormirse Junior, fui a ver a Jazmín y me preguntó qué libro le había leído. ¿Acaso quieres que te lea un cuento? Le dije… y me contestó que sí. Jazmín tiene 12 años y aunque tiene el cuerpo de una chica de 18, sigue siendo una niña pequeña a la que la adolescencia le hace aflorar las dudas y los dolores que conllevan su adopción. Qué camino más difícil para todos pero sobretodo para ella y para Junior.
Le leí «The proudest blue«, una historia muy bonita de 2 hermanas que habla del hijab y en cierta manera, de 2 personitas que enfrentan al racismo. Es un cuento escrito por Ibtihaj Muhammad, medallista olímpica de esgrima, primera mujer americana musulmana que consiguió una medalla olímpica con un hijab.
Al acabar, me pidió que me quedara con ella hasta dormirse. Hacía años que no vivía este momento. «Cógeme de la mano«. Y casi me he roto. Suerte que estaba la luz apagada ya. En pocos minutos la he oído respirar fuerte como cuándo era pequeña. La he llevado a dormir muchas veces pero no recuerdo una tan especial como ésta.
Mientras dormía y la luz seguía apagada, intentaba recordar en qué momento pasó de ser un pequeño ser que nos necesitaba para todo y que poníamos a dormir a diario leyendo un cuento, a esta pedazo de jovencita, responsable, inteligente, trabajadora y excepcional en todos los sentidos. El vértigo del paso del tiempo me golpeaba mientras intentaba saborear cada segundo de la experiencia de poner a dormir a mi pequeña que ya no lo es.
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