Uno tiene la sensación, desde fuera, que las vidas trans celebran pocas victorias. El espejo, símbolo inequívoco de la opresión y dictadura social en la que caímos sin darnos cuenta, devuelve pocas sonrisas y representa como pocos un mal silencioso que afecta a muchas de estas personas: la soledad más oscura.
Las Pardas es, en cambio, una luminosa película de celebración travesti en equipo. Una victoria incontestable. ¿Puede ser luminosa una película rodada casi íntegramente de noche? Sin duda.
Las Pardas es un viaje onírico dónde la valentía, la ilusión y los sueños se dan la mano como si del mejor de los cuentos se tratara. Llena de imágenes visualmente potentes, de cámaras fijas que dejan que la historia hable por si sola, de mujeres tirando el miedo a una piscina que las protege de noche y a cuya cara dudan mirar cuándo se haga de día.
Hay escenas conmovedoras: las caricias disfrazadas de crema solar, los desayunos idealizados en pleno baile de sirenas bajo el agua, la estrella que emerge bajo un potente foco mientras el viento se lleva todo lo malo, el fascinante despertar con esa imagen que parece sacada de “El Jardín de las Delicias”… pero hay algo que me impacta como nada: ante el imaginario social de un mundo travesti ruidoso, transgresor y de poco contenido, Las Pardas reposan tranquilas y recitan a Lorca a la luz de la Luna; y cuándo puedes pensar que Lorca podría ser un tópico (que nunca lo será), aparece Roberta Marrero y acaba por iluminar, desde el lugar a dónde decidiera ir, una película que es ya indispensable en el mundo de referentes culturales trans, en ese cajón antaño pequeño pero que empieza a desbordarse de manera imparable.
Por todas las que se inmolaron al Sol y por todas las que siguen a merced de la Luna, Las Pardas. Que vuestro camino siga abriendo, aunque sea a hachazos, el de las que están por venir.
Las Pardas es una película de Simone Sojo, producida por el Colectivo TeKiero de Sevilla. La puedes ver en Filmin:
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