Siempre hay algo que desencadena lo de tocar fondo. Ayer fue un libro. Su primera página, vamos. Removió todo y simplemente, me hundí. Tampoco veo a nadie que esté ahí para recogerme.
A veces pienso que si no fuera por los gritos de emoción sincera de mi hija cuándo llego a casa por sorpresa, no tendría sentido continuar aquí.
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