Cuesta tomar consciencia de que a miles de kilómetros vive alguien tan importante como tú. No sólo ahora, ya llevas meses allí. Años. Sufriendo seguramente. Llorando. Y no hemos estado allí.
Por eso ahora maldigo cada segundo que se suma a nuestra ausencia. A nuestra separación forzada. A no conocernos. A no estar abrazándonos y dándonos calor. Maldigo que el tiempo no pase más rápido, que las llamadas no sean instantáneas, que los papeles no se hagan al momento y que los aviones no salten océanos en un abrir y cerrar de ojos.
Ahora sé que estás allí, esperándonos. Sólo te pido que aguantes un poco más. Que seas tan fuerte como hasta ahora. Porque todo lo que te ha faltado lo vamos a multiplicar por miles para que el dolor sea el menor posible. Llenar vacíos con amor infinito. Olvidar las lágrimas con sonrisas que dan la vuelta a la cara. Recuperar el tiempo perdido. Soñar. Vivir. Tomar consciencia.
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