Como en la fotografía, un concierto a veces capta un momento único e irrepetible. Acostumbra a gustarme especialmente el momento en el que ves, ante poca gente, a una banda que sabes que en meses o años será una banda idolatrada y respetada por todo el mundo.
El martes viendo a Sleepmakeswaves tuve de nuevo esa sensación. Se mezcla la rabia de ver que hay 70 personas sólo entre el público, con el orgullo de saber que estás siendo testigo de un momento que ya no se repetirá más. Porque hay bandas brutales que sabes que morirán tocando para los mismos siempre, y bandas que sabes que crecen. Y explotan. Personalmente, ese momento previo a la explosión es el que me parece más interesante. No sólo musicalmente, sino también a nivel personal. Cuando alguien de la banda se sienta a preguntarte por lo que haces, por tu festival, por tu vida. O cuando su manager te explica cosas como si realmente fuera tu amigo. Cosas que con el tiempo desaparecerán pero que puedes disfrutar, sólo y justo, en ese momento.
En mi vida he captado tantos de esos momentos que parece que el siguiente no te vaya a emocionar, pero cuando llega, sé reconocerlo y disfrutarlo como siempre.
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