Durante mucho tiempo, he creído en los viajes que me hacían preguntarme cosas. Nepal, India, Islandia, … He visitado tantos lugares y he conocido tantas personas que me han hecho preguntarme algo, que llegó un momento en el que me acostumbré a ello. Como si la capacidad de preguntarse fuera infinita, cuándo en realidad esas preguntas necesitan respuestas y dejar espacio a las nuevas dudas.
De mi viaje al Dunk! sólo esperaba respuestas. Sobre mi vida, mi trabajo, mi ilusión y mis ganas. Todas mis preguntas fueron respuestas, una por una. Por eso ahora me siento vacío de dudas, un estado que si fuera permanente, seguro haría de mi vida una vida mejor.
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