Ayer recorrí España en tren para enfrentarme a la cuarta entrevista de la adopción. Era una de las importantes (aunque todas lo son), la visita a casa. Vino Olga, joven, dinámica y agradable. Charlamos de nuestra casa, nuestras obligaciones y nuestras vidas laborales. Sensación de no haber contado todo lo que a uno le gustaría contar sobre lo que hace. Sensación de que tampoco hacía falta.
En breve tocará la 5ª. Y luego la 6ª. El camino para la adopción es largo pero está lleno de momentos intensos que me gustan. Si el cursillo hizo despertar todo, las entrevistas nos han hecho despertar internamente sensaciones desconocidas.
Ayer, en plena gira, el ratito que pasé con Núria bien valió todo el esfuerzo del proceso. Por estos momentos, sé que todo vale la pena.
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