Ayer me di cuenta que, a ratos, soy una persona aburrida.
Eran las fiestas del barrio. Cenábamos y veíamos a una chica simpática dirigir unos bailes. No quise bailar, aunque no me hubiera importado. Luego vagamos por las calles en busca de algo interesante, cosa harto difícil en las fiestas de mi barrio. De repente, me di cuenta que acabaríamos en casa por mi culpa. Me vi soso, viejo, aburrido y hasta prescindible.
No es una buena sensación, pero seguro que habrá momentos mejores.
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