No recuerdo un verano de los últimos 5 años en Barcelona en los que no haya pensado en mandarlo todo a la mierda.
No sé si es el calor, la rutina, o qué se junta en estos días previos a la gran ostia de grados, pero no me siento bien. Nunca. Me encantaría dejar Barcelona, romper con mi vida, e irme a otro lugar dónde la asfixia no me ahogue.
Pero la experiencia dice que esta sensación es pasajera. Supongo que llegará el día en que no pase, pero aun en pleno apogeo de agobio, espero que esta vez sea como las demás.
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