Hoy marcho a Madrid a finalizar la primera parte de un proyecto que me tiene entusiasmado. Se presenta «We once wished«, el disco con el que Ainara LeGardon ha vuelto a sonreír. Nunca dejó de hacerlo, pero creo que es ahora cuándo se está haciendo justicia con esta artista tan descomunal.
Llevo currando con Ainara desde hace muchos años. Creo que desde principios de 2005. Ha llovido. Siempre la he respetado como respeto a muy poca gente en este mundillo. Sus ideas están marcadas por una dura etapa discográfica con su anterior banda, y un final un tanto amargo para lo bien que tendría que haber acabado. Pero sus ideas y las mías siempre han ido de la mano, por eso llevamos tantos años trabajando juntos. Siempre he dicho que Aloud Music tiene mucho de aquella etapa dura que pasaron mis amigos con su discográfica. Allí aprendí que en esto de la música, lo que importan son los grupos y las personas que los componen, no el dinero ni los contratos ni las editoriales.
El caso es que nuestros primeros años con Ainara, bajo la denominación «Sounds in a coma«, fueron bien, muy bien. En 2006 vivimos nuestra gran explosión, cerramos muchos conciertos y tocamos en el Primavera Sound y en el FIB. Algo impensable por entonces para una artista autoeditada y autogestionada. Qué gran triunfo. Su «Each day a lie» vivía tiempos de gloria y sus directos funcionaban a la perfección.
Pero entonces, algo hizo ‘crack’. Quizá, muchas cosas hicieron crack. Su espalda fue una de las cosas. Mi ánimo para trabajar con el management fue otra. Si bien en 2007 mantuvimos el tipo, haciendo el Primavera Club y algunos bolos, en 2008 Ainara sólo hizo 5 bolos. En aquel momento, yo tenía claro que mi futuro profesional pasaba por Aloud Music y que mi historia paralela con el management acabaría algún día.
Y así llegamos a 2009. Ainara y yo seguíamos trabajando a gusto, pero yo estaba centrado casi al 100% con Aloud, y desde luego no le prestaba la atención que merecía. Eso nos hubiera llevado a separarnos en algún punto. No tenía dudas de ello. Y entonces llegaron sus fechas en el Sant Feliu Fest y en el Festigàbal. Y allí nos redescubrimos como personas. Reímos muchísimo y lo pasamos realmente bien. A partir de ahí, y tras la edición de «Forgive me if i don’t come home to sleep tonight» (Winslow Lab, 2009), las cosas volvieron a funcionar, Aloud comenzó a distribuir el disco y no fue nada mal, pero seguía habiendo algo que acabaría por romperse.
Por eso, el 21 de abril de 2010, lancé mi gran órdago. En un intercambio de emails, hablando de nuevos proyectos, le pregunté a Ainara abiertamente si quería fichar por Aloud. Creo que fue en el mejor momento. Por un lado, la relación personal pasaba por un momento dulce. Ella, a nivel profesional, estaba mejor que nunca. Y además, su aventura como discográfica llegaba a su fin. Es decir, fue un ataque preciso. Pero lo hice pensando que sería lo mejor para los dos. Lo hice con todos mis respetos, pues sabía perfectamente que Ainara no quería ligar su trabajo a ningún sello. Pero si algo tiene Ainara es la capacidad de hablar y debatir. Y hablamos. E intercambiamos emails. Muchos. Muchísimos. Las dudas poco a poco se fueron disolviendo y el entendimiento era claro. Y el 18 de junio nos reunimos en su casa, y allí surgió la magia. Disfruto mucho en las primeras reuniones de los grupos con Aloud, y esa no fue una excepción. Hubo energía positiva que después ha quedado reflejada en todo lo que ha pasado.
Con Aloud, creo que Ainara ha ganado principalmente en una cosa, y es que ahora es una artista que piensa sobretodo en su trabajo. Se puede ser igual de independiente con un sello como el nuestro. Eso es lo primero que quise mostrarle, por eso los discos los coeditamos con Winslow Lab. Por eso Ainara sigue controlando el 100% de su trabajo. O más incluso. Pero ahora lo comparte con personas que la admiramos y disfrutamos con ella. Esa admiración que, con el tiempo, se ha vuelto mutua. Notamos el cariño que nos tiene, y eso nos da muchos ánimos para seguir adelante poniendo tantísimos esfuerzos.
Esta noche, a las 21:00h en la sala Moby Dick, acabamos la primera parte de este proyecto. Es la presentación en Madrid. Los últimos conciertos de Ainara en el Moby han congregado de media a unas 75 personas de pago y 125 con invitados. Me comprometí con ella a que superaríamos esas cifras en la presentación de «We once wished«. Me jugué un huevo, creo recordar. No sé si ganaré la apuesta o no, pero sé que esta noche, junto a Héctor, Hannot, Rubén, Paco y demás amigos, veré a la Ainara feliz y sonriente que tanto me gusta. Ya sólo por eso habrá merecido la pena.
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