Ayer me hizo gracia una actitud de un compañero de equipo, que encima dice ser lector de este blog. A pesar de ser un base nato, estuvo un buen rato ejerciendo el papel de pivot, con la única intención de que yo no me viera afectado por el «mal del pivot» (en nuestro equipo, los pivots se han pirado). Un sacrificio por amistad.
A veces las personas te demuestran lo que son con pequeños gestos. Y cuando alguien se sacrifica aunque sea mínimamente para que tú te sientas mejor, es porque esa persona merece la pena. Mucho.
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