Quedamos en el Suau y allí andaban ya unos cuantos. Fue un momento raro, aunque hubieron muchos abrazos sinceros. Besos menos, aunque también alguno. Una cerveza y camino al Marítim, el bar dónde cenaríamos. Allí el caos se hizo mayor. Estábamos todos y todas, o casi todos y todas. Muchos «comoteva», mucho «queesdetuvida», muchos «mealegrotantodeverte».
La cena demostró que hay muchas cosas que no cambian, ni tampoco algunas actitudes, ni mucho menos algunas personas. Pero ahora ya no duele como antes, ahora produce risa. Risa colectiva, que aun hacía la risa más interesante.
Es curioso como el «entorno» te lleva rápidamente a 1991 y lo difícil que es salir de tus pensamientos de entonces y darte cuenta de que estás en 2009 y de que ya no eres el mismo. Cuesta. Pero somos mayores y las cosas se viven de otra manera, y la noche me dió la oportunidad de hablar con casi todos y todas y no voy a negar que eso me hizo feliz. Destacaría muchas cosas de muchas personas, pero me las guardo para mí. Sobretodo las buenas, que fueron bastante más de las que yo esperaba.
Tuve la sensación de que una reunión tan multitudinaria no volverá a repetirse en muchos muchos años, pero habrán reuniones pequeñas y contactos con gente con la que la magia de la amistad volvió a surgir. Muy bien.
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