A veces me da rabia currar para la FNAC, porque hace cosas muy feas. Estamos organizando un ciclo de conciertos de bandas emergentes, para mí muy interesante, y teníamos reservada una fecha en Madrid para marzo. Pero resulta que un artista grande, de esos que salieron de la mierda y ahora está arriba, quería tocar allí y como no había más fechas, le han dado la nuestra. Así, sin preguntar. Y eso obliga al grupo que llevábamos a tocar en acústico (cuando son una banda totalmente eléctrica y casi sin voz… no tendría sentido) o cambiar de fecha. Sí o sí, o lo tomas o lo dejas.
Que el pez grande se come al chico lo sé desde hace tiempo, pero a veces pienso que formo parte del pez grande y eso me remueve un poco las entrañas. Suerte que lo que me rodea, las personas, merecen la pena. Tanto en Barcelona como en Madrid, no hace falta que me pidan disculpas ante hechos así porque los entiendo. Entiendo que Macaco y su compañía pueden hacer lo que les salga de la polla. Entiendo que la tienda necesite vender discos, y seguro que ese día con ese concierto venderán miles, o más, millones de discos. Entiendo que lo importante es el dinero, no la cultura. Los números, antes que los sentimientos. Yo todo eso lo entiendo. Así que me sigo considerando afortunado por hacer todo esto rodeado de buena gente.
El problema será cuando esas buenas personas se cansen de aguantar a la corporación y todo se venga abajo. Y algo me dice que ese momento acabará llegando…
Aun así, habrá quién me diga que puedo sentirme afortunado de programar un ciclo de conciertos con bandas que casi nadie conoce y a las que se les da la oportunidad de tocar en un sitio que suena muy bien y por dónde pasa todo dios. Correcto. Los que así pensais, teneis el derecho a echármelo en cara, el mismo derecho que tengo yo a quejarme cuando las cosas no se hacen como es debido.
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