Un dia, charlando con Núria y Rosa (su mujer) en el rellano que separa nuestras puertas, le dijo a su mujer: «Ja li deia jo a la Rosa que t´havies engreixat, perque se t´han posat unes mamelles» (ya le decía yo a Rosa que te habías engordado, porque se te han puesto unas tetazas).
Desde ese día se ganó mis respetos. En las reuniones de la escalera, siempre decía la suya, con su voz cada vez más apagada y su ronquera característica. Hablaba de «Marronet», su gato, con mucha alegría, y me preguntaba cosas de gatos porque en eso le sacábamos ventaja.
Ayer por la noche 2 ambulancias hacían presagiar lo peor. A Núria un frío desconocido no la dejaba dormir. A tan sólo 2 o 3 metros y separados por una fina pared, nuestro vecino Pere se iba.
Descanse en paz.
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