Esperar llamadas es bonito cuando el teléfono suena y hay buenas noticias al otro lado. Si el teléfono nunca suena, olvidas el sueño de unos días y entierras ilusiones (una vez más).
Todavía hay tiempo de que el teléfono suene. Es más, creo que sonará. Es el primer atisbo de positividad en los últimos tiempos.
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