Ayer entró en mi vida un nuevo cacharro de nombre MacBook Pro. Lo utilicé durante unas horas sólo, y hoy ni siquiera lo he encendido. Todo tiene su explicación: creo que debo despedirme de mi PC como Dios manda, y no de una manera brusca y sin sentimiento. Nunca se sabe si algún día deberé volver a querer tanto a un PC como ahora quiero al Mac… ay, lo que hace el amor…
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