Ayer la casualidad hizo que nuestros padres coincidieran en algo bien bonito, muy bonito.
La vida está llena de casualidades, pero falta de padres tan increibles como los nuestros. Porque con más gente como ellos, el mundo sería mucho mejor, no tengo duda… Ojalá algún día mis hijos se sientan tan orgullosos de sus padres como nos sentimos Núria y yo de los nuestros.
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