Esta mañana, allá sobre 06.50h, cuando Núria se marchaba a currar, ha entrado en la habitación sigilosa para darme un beso. Me he despertado, y me ha dicho:»Felicidades!». He flipado. Estaba sobado, pero no recordaba haber sobado 5 días…
– «¿Felicidades, por qué?»
– Porque es tu santo!
– Mmmmm (unos segundos para que mi cerebro arrancara)… Núria, mi santo es el 24, el domingo…
Y a partir de ahi, ataque de risa de ambos.
Tras 10 años y con la boda aquí al lado, Núria sigue sin acordarse de cuando es mi santo y yo siempre me olvido de felicitarla ese día. Lo mejor es que todo eso nos produce risa. Y mucha.
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¿Te he dicho alguna vez que tienes mucha suerte, bribón?