Amo a Queen. Mucha gente lo sabe, y mucha gente, especialmente los que me conocen por Muzikalia o cualquier de mis actividades musicales, fliparían al saberlo. Pero no puedo hacer nada contra esa realidad.
Fue en la década de los 90, a partir de los 16/17 años (1995), cuando con mi primo Óscar comenzamos a desarrollar nuestra afición por la banda de Freddie Mercury. Creo recordar que los inicios fueron a través del video del concierto homenaje, que rescatamos por alguna casualidad. Allí nació nuestra pasión por «Bohemian Rhapsody», canción que a día de hoy sigue siendo mi favorita.
De ahí saltamos a comprar toda la década de los 70 (desde «A night at the opera», «A day at the races» o «Sheer heart attack», pasando por los «Queen» y «Queen II», «News of the world», «Jazz» o el mítico «Live Killers»), y a hacernos fans de verdad. Recuerdo muchos momentos, todos con mi primo, dónde la música de Queen nos llenó hasta límites insospechados. Como cuando escuchábamos en total oscuridad «Love of my life» y llorábamos por nuestros amores adolescentes, o cuando borrachos hasta la extenuación bailábamos «One Vision», y mi primo hizo el «baile del escorpí»… jo, que risas.
En 1991 murió Freddie Mercury, y no hace falta que cuente aquí la de veces que me he sentido un desgraciado por no haber podido ver a la banda completa en directo, sobretodo en 1986 cuando pisaron el Miniestadi de Barcelona. Por eso, cuando me enteré de la noticia de la visita del 50% de Queen (Brian May y Roger Taylor) a Barcelona, no dudé en comprarme la entrada, el primer día y a las 9 de la mañana. Todo un fan, como diría Joaquín Luqui, de quién recuerdo perfectamente su especial «5 horas con Queen» en los 40, hará unos 8 años, que mi primo y yo grabamos en 5 cintas de 60, TDK.
Mañana es posible que me sienta terriblemente decepcionado tras el concierto, especialmente porque he visto cientos de conciertos en los últimos años y estoy lejos de ser aquel inculto musical total que era cuando me hice fan, pero me he jurado a mi mismo que seré capaz de olvidar mis prejuicios con Paul Rodgers, que me olvidaré de si suena bien o suena mal, y que me adentraré en el concierto como un fan total, cantaré las canciones y lloraré cuando suene «Love of my life». Quiero vivirlo, porque el destino me brinda esta oportunidad y no puedo desaprovecharla.
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