Pasar una tarde sin encender el ordenador se me hace raro. La sensación de que el teclado y la pantalla son extensiones de mis dedos y ojos está presente a diario. Por eso ayer fue una tarde extraña. Por eso, y por Kao.
Como contaba en el post anterior, ayer fuimos al hospital a visitar a mi tía, que está allí por culpa de un infarto que no hizo más que agudizar su delicado estado de salud. Mi tía es una mujer realmente agradable, dulce y cariñosa como pocas. Que mi aversión familiar no me haya permitido disfrutar más de su compañía, no le desmerece en absoluto como gran mujer.
Pero no fue el cariño de mi tía lo que me llevé del hospital. A su derecha, sentada y mirando la calle a través de la ventana, con ojos tristes, perdidos, y un gorro que cubría su cabeza, estaba Kao. No puedo decir nada de ella salvo que tendrá unos 35 años y tiene cáncer. Nadie sabe de qué, ni nadie sabe nada más, porque Kao no habla español. Pasa las horas sentada o tumbada junto a su hermana, su única compañía en un mundo que no es el suyo, dónde todo el mundo habla un idioma que ella desconoce. Quizá por eso ha aprendido a hablar con la mirada…
Tengo la suerte de sentir cosas por algunas personas sólamente con mirarlas. Ayer Kao y yo nos miramos de una forma especial. Había energía. Yo intentaba transmitirle fuerza para superar el mal trago, y ella parecía demostrarme que tenía ganas de vivir. Por eso, al irme ella me dijo, como pudo en su pírrico español, «tú… alto … guapo». Había captado mi mensaje de ánimo, e incluso de admiración. Olvidé decirle que ella también era muy guapa, aunque seguro que se dió cuenta de que lo pensaba. Su sonrisa me hizo bien, y estoy seguro que a ella también, que a fin de cuentas era lo importante. Dicen que sonreir alarga la vida y mejora nuestra salud. Espero que Kao diera ayer un pequeño empujón para expulsar de su cuerpo ese terrible fantasma en el que cada vez cae más gente sin saber porqué.
Las miradas de Kao, a través de la ventana y directamente a mis ojos, son los recuerdos que me llevo de una tarde sin ordenador. Que curioso es que todo lo importante de mi vida pase con el ordenador apagado, y aun así, siga dependiendo de ésta estúpida máquina para vivir. Que curioso.
No Comment