Esta tarde voy a un hospital de Mataró a ver a mi tía Conchi. Un amago de infarto y un posterior achaque la llevaron allí el pasado sábado.
Resulta curioso, a la par que triste, lo poco familiar que soy y lo que se ha dispersado mi familia en los últimos años. Mantengo contacto, trimestral, con mi primo Óscar, auténtico protagonista de algunos de los mejores años de mi vida, y con poca gente más.
La última vez que ví a la familia fue en el entierro de mi abuela, el pasado mes de septiembre. Desde ese día hasta hoy, no he vuelto a ver a nadie. Hoy supongo que me cruzaré con alguna tía, con algún primo… y me resultarán tan lejanos como entonces.
Cuando naces, tu familia viene impuesta. Pero la verdadera familia te la acabas ganando durante la vida. No has de sentirte culpable si sientes más cercano o quieres mucho más a cualquier amigo/a que a un primo/a, tio/a, … A mi me pasa. Algunos primos me son absolutamente indiferentes, y estoy condenado a verlos en casos excepcionales como entierros, hospitales, bodas o comuniones. Y ni eso…
Realmente, prefiero esta postura a la hipocresía y al paripé. Al voy a tu boda y te pago X para que tú vengas a mi boda y me pagues X. Al como somos primos, debemos llevarnos bien. Todo eso sobra. Mi familia la veo a diario o cada muy poco tiempo, y ellos ya saben quién son. Algunos incluso no llevan mi sangre pero, ¿cuándo fue eso un problema?
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