Uno tiene la sensación, desde fuera, que las vidas trans celebran pocas victorias. El espejo, símbolo inequívoco de la opresión y dictadura social en la que caímos sin darnos cuenta, devuelve pocas sonrisas y representa como pocos un mal silencioso que afecta a muchas de estas personas: la soledad más oscura.
Las Pardas es, en cambio, una luminosa película de celebración travesti en equipo. Una victoria incontestable. ¿Puede ser luminosa una película rodada casi íntegramente de noche? Sin duda.
Las Pardas es un viaje onírico dónde la valentía, la ilusión y los sueños se dan la mano como si del mejor de los cuentos se tratara. Llena de imágenes visualmente potentes, de cámaras fijas que dejan que la historia hable por si sola, de mujeres tirando el miedo a una piscina que las protege de noche y a cuya cara dudan mirar cuándo se haga de día.
Hay escenas conmovedoras: las caricias disfrazadas de crema solar, los desayunos idealizados en pleno baile de sirenas bajo el agua, la estrella que emerge bajo un potente foco mientras el viento se lleva todo lo malo, el fascinante despertar con esa imagen que parece sacada de “El Jardín de las Delicias”… pero hay algo que me impacta como nada: ante el imaginario social de un mundo travesti ruidoso, transgresor y de poco contenido, Las Pardas reposan tranquilas y recitan a Lorca a la luz de la Luna; y cuándo puedes pensar que Lorca podría ser un tópico (que nunca lo será), aparece Roberta Marrero y acaba por iluminar, desde el lugar a dónde decidiera ir, una película que es ya indispensable en el mundo de referentes culturales trans, en ese cajón antaño pequeño pero que empieza a desbordarse de manera imparable.
Por todas las que se inmolaron al Sol y por todas las que siguen a merced de la Luna, Las Pardas. Que vuestro camino siga abriendo, aunque sea a hachazos, el de las que están por venir.
Las Pardas es una película de Simone Sojo, producida por el Colectivo TeKiero de Sevilla. La puedes ver en Filmin:
15 días de desconexión en los que acabamos subiendo lo más cerca del cielo que podíamos. Y sin vértigo, nos asomamos al balcón y soñamos con volar.
La semana antes del confinamiento no pude ir a Piera. Faltaba poco, muy poco para que el cerezo se pusiera en flor, ese espectáculo de la naturaleza que sucede una vez al año y que me remueve por dentro como pocas cosas hacen.
Antes de que nos obligasen a estar en casa tuve dudes de si ir o no. Pero no fui.
Este año, el cerezo floreció y no pude estar allí para verlo. Ojalá a finales de mayo seamos algo más libres y poder recoger la cosecha. También espero que el pulgón respete a mi árbol favorito. El año pasado, aunque a 28 de marzo lucía tan bonito como en la foto, pasó una de sus peores plagas y nuestra cosecha se echó a perder.
Ay.
9 conciertos, 9 ciudades (Zaragoza, Madrid, Burgos, Oviedo, Gasteiz, Ordizia, Gernika, Córdoba y Sevilla), más de 50h en coche, muchos discos reescuchados, muchos artistas descubiertos, muchas conversaciones interesantes, muchas chapas, muchos cafés dudosos, muchos amigos que no veía hace tiempo, muchos sofás, muchos bocadillos de autopista, mucho azúcar, muchos buenos conciertos, mucha mejora, mucho margen aún, muchas ideas, muchas propuestas, … Y aún queda mucho. Gracias Marina.
Quiero más.
Era un 23 de agosto, como hoy, pero de 2016. Mau y yo volvimos de UK, rompiendo la gira con Exxasens, para nuestra cita con la historia: tocaban Toe y Caspian en el Apolo.
El concierto iba genial de entradas, pintaba a casi lleno (curioso siendo agosto y una sala tan grande) e incluso teníamos «chófer». El día de antes mi padre me escribía:
22/8/16 21:44:24: Rafael Picón: Sergi, quieres que pase mañana a recogeros al aeropuerto?
22/8/16 21:58:09: Sergio Aloud: Hombre … Pues sí 😄
22/8/16 21:59:16: Rafael Picón: Ok, ya me dirás a qué hora va el chofer a buscaros
22/8/16 22:01:02: Sergio Aloud: 🚗🚗🚗
22/8/16 22:01:16: Sergio Aloud: Llegamos a las 12.05h en la terminal 1, por vueling
22/8/16 22:02:30: Rafael Picón: Ok
22/8/16 22:02:36: Rafael Picón: 😘😘😘
23/8/16 12:45:24: Sergio Aloud: Llegando a la terminal
23/8/16 12:50:45: Sergio Aloud: Pasando el control
Al llegar, dejamos a Mau y mi padre y yo fuimos a hacer la compra. A él le encantaba vivir los conciertos como si fuera uno más. A mí me sabía mal, pero recuerdo su alegría al meter el coche en el parking del Mercadona y super feliz de acompañarme. Compré muy rápido, y se quedó flipando. El haber hecho muchos caterings me daba esa velocidad que tanto le impresionó.
Al acabar de la compra, dejando el coche en el parking, nos fuimos a comer en los alrededores del Apolo. Comimos tapas y pagué yo. Hablamos, le conté que estaba cansado de la gira y de lo bien que nos venía el concierto de esa noche. Seguramente brindamos con una cerveza. Quizá yo con un vino.
En la sala, los preparativos fueron bien, las pruebas igual y mi padre, cuándo llegó Núria, nos pidió la foto que ilustra este post. Nunca supe porque a mi padre le hacía ilusión esa foto, pero lo cierto es que esa foto simboliza todo para mí. Su amor por la música, su pasión por sus hijos, su respeto por lo que a nosotros nos llena.
A la postre, esa foto se ha hecho icónica pues es la última foto que tengo con mi padre y es la mejor. Pocos días después murió en un accidente. Esa noche el concierto salió perfecto, mucha gente y mientras yo cenaba y descansaba desde el palco del Apolo, una mano en la espalda me acariciaba dándome fuerzas para lo que quedaba. En un principio, para lo que quedaba de gira. Pero ahora tengo claro que era para lo que quedaba de vida.
Cuánto te echo de menos, padre.