Ya han pasado 3652 días desde que mi padre emprendió su viaje a la luna tras un accidente de bici del que nunca supimos las causas. No ha pasado un día que no haya pensado en él.
Estos días en Vic han sido profesionalmente un triunfo. Como sello, las reuniones han sido bien y las perspectivas de futuro siguen siendo buenas tras la puesta en marcha del Centro de Comandamiento (The Lookout) programado en Notion.
A nivel de sonido, no puedo estar más contento. Sara Zozaya y Ke Lepo en l’Esglèsia dels Dolors, Nisei y Roko Banana en Adoberies, todo sonando como a mí me gusta. Ayer en el concierto de Roko Banana, una ola de energía de la gente me atravesó en «Fins que surti el sol» y tuve que mezclar un ratito con lágrimas en los ojos.
Me gustaría poder enviar un mensaje a mi padre, quedar para el jueves, por ejemplo, a hacer un bocadillo de tortilla de atún, en el Mercat y contarle que las cosas están bien, la ilusión intacta, las ganas a punto. Echo de menos contarle cosas, sobre todo cuándo las cosas van bien.
Creo que ahora las cosas van bien.
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